martes, 26 de septiembre de 2017

La vida es un Clásico...

Todos tenemos un clásico. En cualquier ámbito de la vida, y en el fútbol, enfrente de ti, desafiante y expectante, tu clásico y, como siempre decimos, los clásicos no se juegan sino que se GANAN.

Todo la vida, todo el mes y todo el campeonato, aún en el de la vida, esperas con ansias ese momento de enfrentar a tu némesis, a tu contra, a tu rival eterno, a tu "enemigo íntimo". Y es que, esto no sólo se reduce a un campo de juego, a un gramado maltrecho y vilipendiado, pues ocurre también en el campo de la vida, en el rectángulo de nuestro recorrido por el tiempo que tenemos en este plano, donde los goles son balas y los dolores son eternos.

Tu Clásico no es solamente un equipo del interior vestido de aurinegro o de granate, aurirrojo o aurimarrón pues es todo aquel que te separe de la victoria, del campeonato, de la gloria y de esos, hay en todos los ámbitos, en todos los lugares de nuestra vida.

 Un clásico, por ejemplo, es aquel policía hijo de puta y matraquero que te pide pal fresco cada vez que pasas por el semáforo de la avenida de tu casa y te dice "Hay 20 mil maneras de resolver este problemita. ¿Cómo vamos a hacer, ah? Y debes sonreír, y debes ser cortés y simpático cuando lo único que te apetece es pasarle el carro o la moto por encima al escuchar su clásico "Ayúdame a ayudarte, el mío", pero debes seguir tu camino.

Un clásico también es aquel patrón fastidioso y abusivo que te explota y roba de tu tiempo a más no poder porque sabes que tienes pocas opciones laborales y que "la vaina está jodía, mi pana"; el mismo que te niega un aumento;y que te dice cosas como "a ti no te toca" o "ve a pedírselo a tu presidente" aunque no hayas botado por él, etc;  el mismo que te niega días libres cuando tus hijos están enfermos o tienen algún evento importante en el colegio; el mismo que te hace trabajar los fines de semana; el mismo que se va a almorzar y te lanza un "ya vengo", se pierde toda la tarde y debes hacer tu trabajo y el de él; el mismo que te cobra a ti lo que se roben los clientes o lo que se pierda; el mismo que te cobra la comida igual que a cualquier comprador porque "el negocio no está dando, chamo"; el mismo que se la da de graciosito y galán con tu hija mayor o con tu mujer cuando te llevan un recado o te llevan el almuerzo y que, casualmente o azares de la vida, ese día, ese domingo, estará en la grada contraria alentando a tu enemigo de toda la vida.

Otro clásico es aquella chica que, sabiendo de lo loco que estás por ella, de lo mucho que la amas y que hasta te pararías de cabeza por ella,  pues te dice cosas tipo: "Ay, papi, tú sabes que yo te quiero como un amigo", "yo te quiero como un hermano", pero cuando los tiempos se ponen difíciles, luego sí te busca y descubre que te amaba con intensidad y que tú "eres el amor de su vida".

Otro clásico es aquel malandro del barrio o aquel abusivo del liceo que te acosa, te pega y te quita todo lo que tienes porque te faltan los cojones para enfrentarlo, el que te roba y te amenaza y tú, por miedo o fastidio, cedes al chantaje, a la presión.

Existen otros clásicos, como aquel profesor que te obstina la paciencia en la universidad, el que a pesar de todos tus esfuerzos siempre te llevará por el camino de la amargura pues "tú no eres lo suficientemente competente para estar aqui"y tú, como héroe mitológico, debes sortear todos los ataques que el "gran Dios" del conocimiento decida lanzarte y sacar el mínimo aprobado y seguir tu camino.

Quizás el primer clásico que nos encontramos en la vida va a ser nuestro padre o nuestra madre, esa persona que te dice: "siéntate, cállate, vístete, afeitate, no hagas eso, no hagas esto, no hagas aquello..." y un largo etcétera, que te obliga y te tortura a hacer cosas bajo el acero de la comparación: "Ay, claro, es que tú no eres como fulanito, tu primo, fíjate, él es más joven que tú y ya se graduó en la universidad y tiene carro... Ay, y si vieras a la novia: Aquello si es una muchacha decente y digna, toda una señorita de respeto; no como esas mujerzuelas con las que te gusta revolcarte y andar y que encima me las traes para la casa y yo les tengo que ver esas caras de mujeres fáciles. Ay, no, mijito, ve a ver si maduras y te enserias, como tu primo Fulanito".

Un clásico de los fuertes y duros es el azar insondable de la enfermedad y la tragedia. Ese clásico rival, generalmente muy fuerte, exige de nosotros cojones y entereza para enfrentarlo, sabiendo claro que te puede golear, pero con la certeza de que no hay nada más allá, no hay otro camino.

- "No te preocupes. Juntos podremos salir adelante".
- "No, no lucharé. Me echaré a morir. Tú deberás vivir por los dos".
- "¿Y me dejarás solo? ¿Y todo lo que pensamos hacer? ¿Y los planes? ¿Y los sueños?"
- "Tú debes ser el ejemplo de que la vida se abre camino".
- "No, no y no. No me da la puta gana. Usted no se va a rendir. Tú debes luchar y seguir y saldremos juntos de esto"

En tiempos de la Venezuela del siglo XXI, en medio de la peor crisis política, económica e institucional, la clase política acomodada, falsa y mentirosa, es otro clásico pues mienten, engañan y mandan a otros al sacrificio por su bienestar, por su beneficio. "Los muertos los pone el pueblo", dicen por allí y así ha sido en la Venezuela de los últimos 18 años de gobierno.

¿Qué hacer ante cualquier clásico? En la vida y en el fútbol, es el juego y la hora de los hombres. El que tenga miedo, que se quite, nadie lo va a juzgar pues sólo su conciencia será el castigo por la cobardía, el resto, parado en la raya, esperando el choque, esperando la hora.

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