Y ante los reclamos y comentarios sobre el título que adorna este blog, pues ya me dedico a explicar algo de táctica futbolística, o tal vez sea sólo tácticas para la vida, tipo manual de guerra y paz como el famoso de Tzun Tzu.
Yo no escribo para agradar. Yo no escribo para caer bien. Ni siquiera espero que me lean. Los que me conocen bien saben de mi excesiva timidez y de la dificultad que tengo para lidiar con los focos de atención. Prefiero el anonimato. Prefiero ver y observar en silencio, escondido en la multitud, en el medio de una grada, sumergido en la vorágine hincha del aguante popular, de la dinámica de la vida, de la dinámica de lo impensado, como diría Horacio Pagani.
Y si a autores blancos, entrados en edad, con aires de grandeza, con cierta petulancia y egocentrismo, pero con una brillantez y agudeza inigualable queremos funcionar, pues nos vamos a referir a José Saramago, uno de los autores clasificados a mi octogonal final de autores favoritos de todos los tiempos siguiendo de cerca a Fernando Pessoa, Herrera Luque, etc, y diré que yo no escribo para "sosegar" sino que, muy por el contrario, tengo la estúpida pretensión de "desasosegar".
Dicho esto, quisiera explicar el que considero el sistema táctico perfecto para un equipo de fútbol... Y para la vida. Recuerden: "En la vida y en el fútbol" es la frase cliché que nos marca en este espacio de escritura y pensamiento.
Dicho esto, quisiera explicar el que considero el sistema táctico perfecto para un equipo de fútbol... Y para la vida. Recuerden: "En la vida y en el fútbol" es la frase cliché que nos marca en este espacio de escritura y pensamiento.
A todos nos pasa, en la vida y en el fútbol, que se nos exige plantarnos en la cancha de una manera particular, en una posición y en un sistema táctico que nos lleve al éxito. A mi, por ejemplo, me decía mi primera DT, mi mamá: "Báñate, cepíllate, córtate el cabello, párate derecho, no uses barba, etc".
Luego, mi segundo gran DT, me decía: "Coño, De Sá, tú eres lateral zurdo y acá debes jugar. Subes y bajas, subes y bajas, subes y bajas" pero, así como con mi madre, siempre fui un jugador díscolo, caótico, anárquico y libre porque me gustaba, y aún me gusta mucho más, la libertad para hacer, la libertad para crear, la libertad para ser.
Al pasar los años, luego de varias lesiones que frustraron mi camino futbolístico, luego de verter mi sangre y mis lágrimas sobre el Olímpico de la Universidad Central de Venezuela una tarde cruenta en la que quedé plantado en el gramado en forma de garabato, comprendí que tanto en la vida como en el fútbol, a veces los sistemas tácticos tienen algún fundamento, alguna necesidad de existencia.
Fue así entonces que luego de muchas vueltas, muchos juegos, muchas anécdotas y muchas vivencias, entendí que el 4-2-3-1 es el sistema táctico perfecto, o casi, para el fútbol y sí, para la vida también.
Fue así entonces que luego de muchas vueltas, muchos juegos, muchas anécdotas y muchas vivencias, entendí que el 4-2-3-1 es el sistema táctico perfecto, o casi, para el fútbol y sí, para la vida también.
Imagina que tienes a tu disposición a diez jugadores para colocar en el campo de fútbol, en la vida, y aunque no lo admites, te da miedo arriesgar tanto y no quieres jugar con tres en el fondo, pues siempre quieres ir sobre seguro, quieres cuidar tu defensa, no quieres goles en contra y es entonces que decides tomar cuatro de ellos, 40% del total de tus piezas, para defenderte:
"¿Será que resulta? ¿Será que le gusta? ¿Será que funciona? ¿Será que siente lo mismo por mi? ¿Será que me arriesgo? ¿Y si...?" Actitud defensiva algo cobarde, heh? Pues sí, lo admites y sigues con tu disposición.
"¿Será que resulta? ¿Será que le gusta? ¿Será que funciona? ¿Será que siente lo mismo por mi? ¿Será que me arriesgo? ¿Y si...?" Actitud defensiva algo cobarde, heh? Pues sí, lo admites y sigues con tu disposición.
Y como si cuatro defensas no fueran suficiente para darte seguridad y paz, aunque muy en el fondo de tu corazón sabrás que si las cosas en defensa, así como en la defensa de la vida, quieren y pueden salir mal, pues saldrán mal, aún así dispones de dos nuevos elementos para servir de alcabala defensiva, por si los nervios atacan, por si la defensa flaquea, por si la inseguridad te ataca y es así como dispondrás de un "5" rompedor y de un "8" creador, que juntos, tal como el ying y el yang, deberían dar el equilibrio perfecto entre ataque y defensa.
Pero un día, amaneces con valentía, en tu "Día de Furia" mandando todo a la mierda y decides jugar con dos volantes mixtos lo que dará mayor salida a tu equipo, pues vas por todas, ya no te importa el fracaso y te la juegas por un sí, un beso, un abrazo, un ascenso, un "te quiero" tal vez, una victoria, un gol que ponga a celebrar a tu hinchada y que la defensa se las arregle ante el fracaso, en la vida y sí, por supuesto, en el fútbol.
Pero sí también hay otros en la que seguridad y la oscuridad abunda, no confías en tus piezas, no confías en ti mismo y decides salir al campo con dos "5" barredores del juego contrario, casi siempre tu espíritu se siente de visitante y ni siquiera la barra que te alienta te permite sentir esa paz y tranquilidad de jugar de local en todas partes.
Para luego pasar a un mediocampo creativo en el que lo normal sería disponer de tres elementos de ataque vertical que te permitan romper cualquier barrera y abrir las bandas, pero cuando la confianza falla, los extremos dejarían de ser extremos y transformarse en mediocampistas colaboradores con el orden defensivo.
"Siempre el balón al 10"- gritan desde la grada.
"Dásela al que sabe"- Replican otros.
Pero, ¿qué hacer cuando el propio "10" no sabe qué hacer? ¿Qué hacer cuando las ideas se agotan y el rival parece de otra galaxia? Pues los libros y los DT te dicen siempre que abras la cancha, en la vida y en el fútbol, busca una distracción, busca otra vuelta, busca otra entrada que te permita marcar ese gol tan anhelado.
Llega hasta la última línea, no dejes de correr, ves la línea, el defensa quedó atrás, tu esperanza crece, tu cuerpo se siente bien y sientes tu golpeo de empeine de maravilla. Casi sin mirar pues sabes que debe estar donde debe estar, centras hacia el "9", aquel tipo alto, fuerte, tosco, rápido y pesado que espera siempre en el área el balón perfecto.
Otra ingratitud de la vida: Unos llevan el arte, unos elaboran la jugada y solamente el "9" debe estar allí para empujar, para concretar, y, por eso, las glorias son para el vencedor (nuestro delantero centro), el honor para el vencido (el inefable arquero goleado) y el extremo, el "10" ¿donde quedan? Pues para ellos, apenas un saludo, cuando lo recordamos, de agradecimiento y nada más.
Y de nuevo, en la vida y en el fútbol, la táctica y la estrategia parecen primar sobre el talento y el sudor, o tal vez a su servicio, o tal vez contra su dictadura, pero en alguna relación.
Y marcó el 9, y celebra con la grada, y el "10" y el extremo se solidarizan el uno con el otro, y el DT siente que el alma regresa a su sitio pues el sistema parece funcionar.
Pues, claro, es el 4-2-3-1, el sistema que, tanto en la vida y en el fútbol, nos permitirá imprimir un tono ofensivo o defensivo según juguemos de local o de visitante, queramos proponerle juego a la vida y celebrar en otro abrazo de gol.
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