lunes, 12 de febrero de 2018

Yo sí te ví, hermano, Escuela Eterno


Ayer te ví, mi hermano. Te ví mientras salía de mi casa y caminaba por el boulevard rumbo al Metro, para ver al Rojo de nuestros amores, la razón de tu delirio.

Yo te vi caminando por la Plaza Bolívar: Estabas en la esquina de La Torre, buscando tu suerte, esperando la vida, esperando la muerte y me viste pasar y me dijiste tu acostumbrado: "¿Qué lo qué, gordo?"

Recuerdo que en esta misma Plaza Bolívar de terremotos, de muerte, de vida y de historia nos hicimos amigos para siempre y me juré a mi mismo gratitud eterna al viejo Escuela. Acá le cumpliste un sueño a mi vieja y eso no se olvida, hermano.

Fue por esta zona también donde una noche de esas de "farra brava", por los lados de la plaza Alí Primera o Lina Ron, como llaman ahora, que hiciste una de las tuyas y mientras yo buscaba una birra, tú ibas detrás de mí con un movimiento zigzagueante como el famosos movimiento de culebra de Axl Rose que te gustaba imitar y me dijiste: "Bríndate una cerveza allí, gordo, ¿fuego?"



Mi risa, en ese momento y ahora, en el del recuerdo, fue estridente, y tal como aquella vez luego de tener tu birra, te desapareciste y tampoco estabas acá ya, en la plaza de siempre, ni en el boulevard. Seguí mi camino, recordándote.

Pensé mucho en todo lo vivido y lo aprendido, todo mientras el largo recorrido hacia el lugar de los sueños posibles, nuestra grada, se materializaba. Al llegar al destino pregunté: "¿Alguien ha visto a Escuela?" Y la mirada de todos fue como si estuviese alucinado y aturdido, fue allí que volví a entender que ya no estabas con nosotros, hermano. Pero dentro de todo el pesar, una certeza me reconforta y es que yo sí te ví, muchas veces, y siempre ocurre cuando es el "Día de la Alegría" y tú desde temprano ya dabas vueltas por la ciudad esperando el pitazo inicial.

Yo sí te ví hoy, hermano: Te ví por el Parque La Paz, buscando qué hacer y esperando para subir al CSP. Luego te ví por La India con unos amigos de camino a Cocodrilos Sports Park. Tu rostro y tu mirada eran de alegría desbordante pues jugaba tu Caracas F.C, el motivo de  tu alegría, de nuestra alegría.

Como siempre, te desapareciste y pensé que no te volvería a ver pero te ví caminando por la grada, ibas a comprar una birra pero no querías hacer la cola, así que buscaste la manera de colarte en la fila, endulzando a la chica que manejaba el punto bancario, o pidiéndole el favor a algún hermano de grada que quisiera hacerte "el coro".

Por último y lo más impactante, lo más reconfortante, fue que te ví alentando a tu Rojo querido en la grada cuando el Carnaval explotó y la fiesta se hizo. Te ví y no te pude desear un feliz cumpleaños, hermano, reconozco que lo olvidé, y tampoco pude pelear contigo otra vez, como siempre peleabamos, o decirte que te extraño mucho en la grada.

Hoy el Carnaval no fue lo mismo sin ti. Me hubiese gustado celebrar contigo con un gol del Rojo y verte hacer gesto bien extraño de lo que nos tenías acostumbrado cuando alentabas o el Caracas marcaba un gol.

Y hoy alentamos por ti, por los que no están, por lo que se fueron, acá, en esta grada de los sueños posibles, en este cemento donde olvidamos todo y concentramos nuestro amor y alegría en nuestra ciudad, nuestro Caracas FC, nuestro Rojo, nuestra razón para ser feliz.




Feliz cumpleaños, Escuela, hermano. Donde estés y con quién estés, seguro que hay una fiesta loca de esas tuyas.



¡Salud y Libertad!