sábado, 30 de septiembre de 2017

Y algún día nos veremos frente a frente...


Llegó el día. Ya está aquí. Otro clásico.

Has pensado durante meses, semanas, días, horas, minutos y segundos en este día. Cada segundo, cada momento, esperas con ansiedad este encuentro. Te lo imaginas y te lo figuras ganando y goleando a ese, tu clásico rival, tu némesis, así como goleas a la vida, como quieres golear al destino, a tu fatum.

La ansiedad te consume. La tensión y la expectativa te controlan, te dominan, pero sabes igual que ganes o pierdas, volverás a tu casa, volverás al hogar de los sueños eternos, a tu grada, a la popular.

Sí, lo sé, haces de todo para liberar la tensión y dejar de torturarte y cuestionarte (¿Qué puedo hacer?, ¿El aguante será suficiente? ¿Se puede hacer más?) y no, en el fondo de tu mente, sabes que nunca será suficiente pues todo esto es una batalla ingrata, todo es un esfuerzo interminable por sólo una victoria, sólo una alegría.

"No crean que nosotros no notamos todo lo que ustedes hacen. A mí me encanta el aguante de ustedes. Mi cántico favorito es El Matador. Tremenda pieza." afirmó hoy un jugador del Caracas FC, luego del banderazo realizado en el Cocodrilos Sports Park.

Los jugadores dan su batalla en el campo, ellos deben ganar pues esto de los clásicos, tal como reza el viejo proverbio hincha (" los clásicos no se juegan sino que se ganan"), deben dejar todo en el campo, pero tú, estimado hermano hincha, vas a lo tuyo, pues tú también tienes tu labor doble: en la grada y en la calle, en la grada y en la batalla, explicación esta que es "sólo para entendidos".

Se produce el llamado. Se juntan todos aquellos "hermanos de grada" que irán a ganar su propio juego. Ya el plan está trazado. En toda la  noche anterior no lograste conciliar el sueño. Piensas en tu familia, en tus hijos, en tu madre (pobre de ella si viera en lo que te metes, tal vez te avergüence si se enterara lo que haces y vives domingo a domingo, en el Olímpico y en la carretera).

Mientras se repasan los detalles, vas palpando tu cuello y te encuentras con la medallita de madera, esa la del árbol seco y la estrella que la mamá de tu hija también usa y que te recuerda todo el amor por tu pequeña. Sientes un escalofrío terrible al pensar que no podrás ver a tu hija de nuevo, pero un palmoteo sobre tu espalda, el de un amigo saludándote, te hace entrar de nuevo en papel, en el de hincha, en el de defensor de un orgullo poco entendido, el portador de una pasión muy pocas veces comprendida.

El cielo está totalmente despejado, sobre nuestras cabezas solo las cinco guacamayas azules que todas las tardes sobrevuelan el estadio y en aquella montaña, esa de tus sueños y aventuras, se dejan ver algunas nubes negras y lo primero que viene a tu mente es aquella frase manida de tus tiempos peregrinos "la lluvia siempre viene del Este" y esta vez parecía que venía lluvia, una tormenta o era apenas un presagio de la sultana, de la bella Waraira por lo que sus hijos harán para defender su orgullo, su honor.

Mientras se discute, mientras se evalúa, mientras se intercambian improperios y afrentas con la finalidad de "medir" el tamaño de las gónadas de los que discuten pero que nunca terminan de agredirse realmente, una chica que siempre te gustó pasa a tu lado y, como si el destino macabro quisiera anticipar el cumplimiento de una última voluntad de aquel que es llevado al cadalso, voltea y sonríe de forma pícara y cómplice, gesto que habías esperado por años de parte de ella.

Ya todo está listo, ya los "elegidos" para defender el honor de esta ciudad están preparados y mentalizados (Una vez el Doctor Guillermo Valentiner incitó e increpó a la ahora llamada Barra Vieja del Caracas Fútbol Club a defenderse de los abusos y ataques de la barra "Gochigan", barra antecesora del equipo aquel, de nuestro clásico, y dijo la famosa frase: "Esta es su ciudad, háganla respetar").

Y  tal como habías soñado, ante ti, tu Clásico (Y algún día nos veremos frente a frente, ohhhh). La sangre se te acumula en la cabeza, tus hombros se tensan, el calor te sofoca, tu corazón salta y los sentidos se te agudizan, sientes la boca seca, sudas copiosamente, quizás por el calor, quizás porque, por fin, logras concretar este encuentro anhelado, el mano a mano, el choque tantas veces soñado.

Ambos bandos se miran frente a frente. Son pocos los segundos de reconocimiento, es corto el tiempo que se dispone. Las miradas se enfrentan y algunos comienzan a flaquear, comienzan a doblegarse dentro su espíritu pero saben que deben seguir allí de pie.

Se producen los primeros choques. Algunos caen bajo el acero, otros caen por acción del vidrio y de las piedras, las tensiones se liberan y se desboca y lo peor y lo mejor de cada ser humano va surgiendo en este momento único e irrepetible. 

Empuñas con fuerza, hundes, desgarras y destrozas, mientras miras a los ojos a tu rival, a tu enemigo íntimo, y observas como la vida se le va escapando del cuerpo y sus ojos se cierran, se va. Tus instintos primitivos se exacerban y nada en amarillo y negro puede quedar en pie o en buen estado y sigues, y de nuevo, otro ataque hasta que te consigas a tu rival favorito y se produzca el choque definitivo.

La policía intenta intervenir para separar, como aquella madre que intenta separar una pelea de sus hijos, y no sabe contra quien arremeter, contra quien tomar medidas y todo se vuelve una confusión: caen bombas lagrimógenas, se escuchan detonaciones de perdigones, pero tienes tanta adrenalina que no te hace el mínimo efecto, llueven piedras, botellas y sillas de lado y lado y ya ni logras reconocer de donde vienen ni hacia donde van.

Algunos caen por acción de las heridas, mientras otros caen ahogados por los gases tóxicos. El mundo se detuvo y las cámaras de televisión y el público observan atónitos los enfrentamientos entre las dos barras más importantes del país, sigue la confusión, y más cuerpos desfigurados, rojos y aurinegros van cayendo, tal como recuerdan las batallas antiguas, cuando súbitamente reconoces un rostro muy familiar y vas por él, hacia la justicia del acero, veamos quién gana, veamos quién pierde en esta hermosa tarde/noche caribeña.

Ante tu rival predilecto, tantos acosos, tantos insultos y por fin, la oportunidad de cobrarte todo lo sufrido, todo lo experimentado. Los movimientos son hábiles y desarrollas ataques y repeles otros, hasta que, en una acción desafortunada, "La Peste" cae y tú hundes el acero en su pecho y en su cuello, mientras tus ojos casi desorbitados lo miran fallecer, lo miran despedirse, lo miran dar sus últimos alientos. De nuevo, Aquiles derrota a Héctor.

La policía toma el control de la situación y ambas barras se repliegan, te levantas, miras a tu alrededor, dejar caer el acero de tu mano y observas tus manos manchadas de sangre y recuerdas aquella frase de "¿Rosado? No hay nada más rosado que una camiseta aurinegra tiñiéndose de sangre", abres los brazos, respiras, crees que todo terminó, ya todo acabó, era él o yo y has vencido tú, cuando, repentinamente,  detrás de ti, sientes el frío acero rompiendo tus costillas, sientes el duro metal rompiendo tus pulmones, sientes el puñal atravesando tu pecho, y caes, observas a un chico correr hacia el lado contrario de tu barra con un cuchillo ensangrentado, no pensaste que todo acabaría este día, el del Clásico y escuchas cada vez más lejanamente:

- "¡Hermano, resiste!
- "¡Hermano, ganamos!"
- "¡Gol del Colorado!"
- "¡Gol del Colorado!"
- "¡Dale Ro!".

Hasta que ya no escuchas más... Hasta que ya... Ya no escuchas más.




martes, 26 de septiembre de 2017

La vida es un Clásico...

Todos tenemos un clásico. En cualquier ámbito de la vida, y en el fútbol, enfrente de ti, desafiante y expectante, tu clásico y, como siempre decimos, los clásicos no se juegan sino que se GANAN.

Todo la vida, todo el mes y todo el campeonato, aún en el de la vida, esperas con ansias ese momento de enfrentar a tu némesis, a tu contra, a tu rival eterno, a tu "enemigo íntimo". Y es que, esto no sólo se reduce a un campo de juego, a un gramado maltrecho y vilipendiado, pues ocurre también en el campo de la vida, en el rectángulo de nuestro recorrido por el tiempo que tenemos en este plano, donde los goles son balas y los dolores son eternos.

Tu Clásico no es solamente un equipo del interior vestido de aurinegro o de granate, aurirrojo o aurimarrón pues es todo aquel que te separe de la victoria, del campeonato, de la gloria y de esos, hay en todos los ámbitos, en todos los lugares de nuestra vida.

 Un clásico, por ejemplo, es aquel policía hijo de puta y matraquero que te pide pal fresco cada vez que pasas por el semáforo de la avenida de tu casa y te dice "Hay 20 mil maneras de resolver este problemita. ¿Cómo vamos a hacer, ah? Y debes sonreír, y debes ser cortés y simpático cuando lo único que te apetece es pasarle el carro o la moto por encima al escuchar su clásico "Ayúdame a ayudarte, el mío", pero debes seguir tu camino.

Un clásico también es aquel patrón fastidioso y abusivo que te explota y roba de tu tiempo a más no poder porque sabes que tienes pocas opciones laborales y que "la vaina está jodía, mi pana"; el mismo que te niega un aumento;y que te dice cosas como "a ti no te toca" o "ve a pedírselo a tu presidente" aunque no hayas botado por él, etc;  el mismo que te niega días libres cuando tus hijos están enfermos o tienen algún evento importante en el colegio; el mismo que te hace trabajar los fines de semana; el mismo que se va a almorzar y te lanza un "ya vengo", se pierde toda la tarde y debes hacer tu trabajo y el de él; el mismo que te cobra a ti lo que se roben los clientes o lo que se pierda; el mismo que te cobra la comida igual que a cualquier comprador porque "el negocio no está dando, chamo"; el mismo que se la da de graciosito y galán con tu hija mayor o con tu mujer cuando te llevan un recado o te llevan el almuerzo y que, casualmente o azares de la vida, ese día, ese domingo, estará en la grada contraria alentando a tu enemigo de toda la vida.

Otro clásico es aquella chica que, sabiendo de lo loco que estás por ella, de lo mucho que la amas y que hasta te pararías de cabeza por ella,  pues te dice cosas tipo: "Ay, papi, tú sabes que yo te quiero como un amigo", "yo te quiero como un hermano", pero cuando los tiempos se ponen difíciles, luego sí te busca y descubre que te amaba con intensidad y que tú "eres el amor de su vida".

Otro clásico es aquel malandro del barrio o aquel abusivo del liceo que te acosa, te pega y te quita todo lo que tienes porque te faltan los cojones para enfrentarlo, el que te roba y te amenaza y tú, por miedo o fastidio, cedes al chantaje, a la presión.

Existen otros clásicos, como aquel profesor que te obstina la paciencia en la universidad, el que a pesar de todos tus esfuerzos siempre te llevará por el camino de la amargura pues "tú no eres lo suficientemente competente para estar aqui"y tú, como héroe mitológico, debes sortear todos los ataques que el "gran Dios" del conocimiento decida lanzarte y sacar el mínimo aprobado y seguir tu camino.

Quizás el primer clásico que nos encontramos en la vida va a ser nuestro padre o nuestra madre, esa persona que te dice: "siéntate, cállate, vístete, afeitate, no hagas eso, no hagas esto, no hagas aquello..." y un largo etcétera, que te obliga y te tortura a hacer cosas bajo el acero de la comparación: "Ay, claro, es que tú no eres como fulanito, tu primo, fíjate, él es más joven que tú y ya se graduó en la universidad y tiene carro... Ay, y si vieras a la novia: Aquello si es una muchacha decente y digna, toda una señorita de respeto; no como esas mujerzuelas con las que te gusta revolcarte y andar y que encima me las traes para la casa y yo les tengo que ver esas caras de mujeres fáciles. Ay, no, mijito, ve a ver si maduras y te enserias, como tu primo Fulanito".

Un clásico de los fuertes y duros es el azar insondable de la enfermedad y la tragedia. Ese clásico rival, generalmente muy fuerte, exige de nosotros cojones y entereza para enfrentarlo, sabiendo claro que te puede golear, pero con la certeza de que no hay nada más allá, no hay otro camino.

- "No te preocupes. Juntos podremos salir adelante".
- "No, no lucharé. Me echaré a morir. Tú deberás vivir por los dos".
- "¿Y me dejarás solo? ¿Y todo lo que pensamos hacer? ¿Y los planes? ¿Y los sueños?"
- "Tú debes ser el ejemplo de que la vida se abre camino".
- "No, no y no. No me da la puta gana. Usted no se va a rendir. Tú debes luchar y seguir y saldremos juntos de esto"

En tiempos de la Venezuela del siglo XXI, en medio de la peor crisis política, económica e institucional, la clase política acomodada, falsa y mentirosa, es otro clásico pues mienten, engañan y mandan a otros al sacrificio por su bienestar, por su beneficio. "Los muertos los pone el pueblo", dicen por allí y así ha sido en la Venezuela de los últimos 18 años de gobierno.

¿Qué hacer ante cualquier clásico? En la vida y en el fútbol, es el juego y la hora de los hombres. El que tenga miedo, que se quite, nadie lo va a juzgar pues sólo su conciencia será el castigo por la cobardía, el resto, parado en la raya, esperando el choque, esperando la hora.

jueves, 21 de septiembre de 2017

4-2-3-1 (Parte II)

Y ante los reclamos y comentarios sobre el título que adorna este blog, pues ya me dedico a explicar algo de táctica futbolística, o tal vez sea sólo tácticas para la vida, tipo manual de guerra y paz como el famoso de Tzun Tzu.

Yo no escribo para agradar. Yo no escribo para caer bien. Ni siquiera espero que me lean. Los que me conocen bien saben de mi excesiva timidez y de la dificultad que tengo para lidiar con los focos de atención. Prefiero el anonimato. Prefiero ver y observar en silencio, escondido en la multitud, en el medio de una grada, sumergido en la vorágine hincha del aguante popular, de la dinámica de la vida, de la dinámica de lo impensado, como diría Horacio Pagani.

Y si a autores blancos, entrados en edad, con aires de grandeza, con cierta petulancia y egocentrismo, pero con una brillantez y agudeza inigualable queremos funcionar, pues nos vamos a referir a José Saramago, uno de los autores clasificados a mi octogonal final de autores favoritos de todos los tiempos siguiendo de cerca a Fernando Pessoa, Herrera Luque, etc, y diré que yo no escribo para "sosegar" sino que, muy por el contrario, tengo la estúpida pretensión de "desasosegar".

Dicho esto, quisiera explicar el que considero el sistema táctico perfecto para un equipo de fútbol... Y para la vida. Recuerden: "En la vida y en el fútbol" es la frase cliché que nos marca en este espacio de escritura y pensamiento.

A todos nos pasa, en la vida y en el fútbol, que se nos exige plantarnos en la cancha de una manera particular, en una posición y en un sistema táctico que nos lleve al éxito. A mi, por ejemplo, me decía mi primera DT, mi mamá: "Báñate, cepíllate, córtate el cabello, párate derecho, no uses barba, etc".

Luego, mi segundo gran DT, me decía: "Coño, De Sá, tú eres lateral zurdo y acá debes jugar. Subes y bajas, subes y bajas, subes y bajas" pero, así como con mi madre, siempre fui un jugador díscolo, caótico, anárquico y libre porque me gustaba, y aún me gusta mucho más, la libertad para hacer, la libertad para crear, la libertad para ser.

Al pasar los años, luego de varias lesiones que frustraron mi camino futbolístico, luego de verter mi sangre y mis lágrimas sobre el Olímpico de la Universidad Central de Venezuela una tarde cruenta en la que quedé plantado en el gramado en forma de garabato, comprendí que tanto en la vida como en el fútbol, a veces los sistemas tácticos tienen algún fundamento, alguna necesidad de existencia.

Fue así entonces que luego de muchas vueltas, muchos juegos, muchas anécdotas y muchas vivencias, entendí que el 4-2-3-1 es el sistema táctico perfecto, o casi, para el fútbol y sí, para la vida también.

Imagina que tienes a tu disposición a diez jugadores para colocar en el campo de fútbol, en la vida, y aunque no lo admites, te da miedo arriesgar tanto y no quieres jugar con tres en el fondo, pues siempre quieres ir sobre seguro, quieres cuidar tu defensa, no quieres goles en contra y es entonces que  decides tomar cuatro de ellos, 40% del total de tus piezas, para defenderte:

"¿Será que resulta? ¿Será que le gusta? ¿Será que funciona? ¿Será que siente lo mismo por mi? ¿Será que me arriesgo? ¿Y si...?" Actitud defensiva algo cobarde, heh? Pues sí, lo admites y sigues con tu disposición.

Y como si cuatro defensas no fueran suficiente para darte seguridad y paz, aunque muy en el fondo de tu corazón sabrás que si las cosas en defensa, así como en la defensa de la vida, quieren y pueden salir mal, pues saldrán mal, aún así dispones de dos nuevos elementos para servir de alcabala defensiva, por si los nervios atacan, por si la defensa flaquea, por si la inseguridad te ataca y es así como dispondrás de un "5" rompedor y de un "8" creador, que juntos, tal como el ying y el yang, deberían dar el equilibrio perfecto entre ataque y defensa.

Pero un día, amaneces con valentía, en tu "Día de Furia" mandando todo a la mierda y decides jugar con dos volantes mixtos lo que dará mayor salida a tu equipo, pues vas por todas, ya no te importa el fracaso y te la juegas por un sí, un beso, un abrazo, un ascenso, un "te quiero" tal vez, una victoria, un gol que ponga a celebrar a tu hinchada y que la defensa se las arregle ante el fracaso, en la vida y sí, por supuesto, en el fútbol.

Pero sí también hay otros en la que seguridad y la oscuridad abunda, no confías en tus piezas, no confías en ti mismo y decides salir al campo con dos "5" barredores del juego contrario, casi siempre tu espíritu se siente de visitante y ni siquiera la barra que te alienta te permite sentir esa paz y tranquilidad de jugar de local en todas partes.

Para luego pasar a un mediocampo creativo en el que lo normal sería disponer de tres elementos de ataque vertical que te permitan romper cualquier barrera y abrir las bandas, pero cuando la confianza falla, los extremos dejarían de ser extremos y transformarse en mediocampistas colaboradores con el orden defensivo.

"Siempre el balón al 10"- gritan desde la grada.
"Dásela al que sabe"- Replican otros.

Pero, ¿qué hacer cuando el propio "10" no sabe qué hacer? ¿Qué hacer cuando las ideas se agotan y el rival parece de otra galaxia? Pues los libros y los DT te dicen siempre que abras la cancha, en la vida y en el fútbol, busca una distracción, busca otra vuelta, busca otra entrada que te permita marcar ese gol tan anhelado.

Llega hasta la última línea, no dejes de correr, ves la línea, el defensa quedó atrás, tu esperanza crece, tu cuerpo se siente bien y sientes tu golpeo de empeine de maravilla. Casi sin mirar pues sabes que debe estar donde debe estar, centras hacia el "9", aquel tipo alto, fuerte, tosco, rápido y pesado que espera siempre en el área el balón perfecto.

Otra ingratitud de la vida: Unos llevan el arte, unos elaboran la jugada y solamente el "9" debe estar allí para empujar, para concretar, y, por eso, las glorias son para el vencedor (nuestro delantero centro), el honor para el vencido (el inefable arquero goleado) y el extremo, el "10" ¿donde quedan? Pues para ellos, apenas un saludo, cuando lo recordamos, de agradecimiento y nada más.

Y de nuevo, en la vida y en el fútbol, la táctica y la estrategia parecen primar sobre el talento y el sudor, o tal vez a su servicio, o tal vez contra su dictadura, pero en alguna relación.

Y marcó el 9, y celebra con la grada, y el "10" y el extremo se solidarizan el uno con el otro, y el DT siente que el alma regresa a su sitio pues el sistema parece funcionar.

Pues, claro, es el 4-2-3-1, el sistema que, tanto en la vida y en el fútbol, nos permitirá imprimir un tono ofensivo o defensivo según juguemos de local o de visitante, queramos proponerle juego a la vida y celebrar en otro abrazo de gol.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Carta de un padre hincha a su hija


Aún recuerdo aquel primer momento en que te tuve entre mis brazos: Temblabas de frío y yo temblaba de emoción, de incertidumbre ante el maravilloso espectáculo de tus ojos verdes como la esmeralda, como el valle montañoso que te vio nacer; tu piel blanca de porcelana, tan suave y tan delicada como en mis sueños, en una pureza indescriptible, en un blanco suave e inmaculado que jamás he encontrado en mi vida; tu cabello suave y amarillo, ondulado en algunas zonas y ahora, liso, muy liso que hacen recordar el eterno recorrer de un río de emociones inexplicables y de un nudo en el pecho que se me hace al escribirte esta carta.

Lloré. No sé si fue de alegría, no sé si fue de admiración, no sé si fue por preocupación, pero lloré sobre tu cuerpecito tibio y suave, lloré sobre tus manitas cuando quisiste tocar mis ojos y sentir mis párpados, lloré y algunas lágrimas mojaron tus deditos cuando me apretabas la nariz y jugabas. Tal vez nada de eso lo recuerdes, pero esa es una película que se me repite sucesivamente y en los momentos cumbres la vuelvo a ver, la vuelvo a percibir.

Me miraste. Me sonreíste. Me hiciste comprender el sentido de la vida y que yo, en mi momento, había nacido para verte allí, tan pequeña y tan frágil, y de nuevo yo, apenas una triste y misera parte de este universo que seguramente no era el mejor tercio, el mejor hombre para estar allí contigo.

Y sentí miedo. Sentí un pavor inaguantable que me recorría toda el alma y me quemaba el corazón al pensar que tu vida dependía de mi, que era yo el encargado principal de mantener, junto a tu madre, esa preciosa sonrisa que aún hoy, mi vida, me desarma, me relaja.

Pero sí, mi niña, sentí miedo. Sentí y aún siento ese mismo temor de no ser capaz, de no ser suficiente ante tamaña responsabilidad pues yo, que para ese momento, ni sabía poner orden en mi vida, ahora debía llevarte de la mano para que tú tuvieses una vida feliz y plena.

Y quiero confesarte que este ser,tu padre, es un hombre imperfecto, un hombre con miles de defectos y algunas virtudes, te ama y con todas sus fuerzas, con todo su ser. Eso jamás ha cambiado, jamás ha dejado de ser así, a pesar de la distancia.

Y de nuevo, el miedo ante mí. Miedo de no saber como reaccionarás cuando leas esta carta, miedo al no saber qué opinarás o que sentirás sobre mí. Sí, tengo miedo, yo, que he peleado con otras barras enteras por lo que tu madre llama "una pelea estúpida", yo que he robado trapos, banderas, bombos, redoblantes, casi pierdo una mano, yo que me he enfrentado con policías y guardias nacionales, yo que he estado a punto de perder la vida varias veces por "defender unos colores", siento miedo de lo que pueda pensar una niña que aún no llega a los 10 años de edad, pero cuya mirada y su tono taciturno son la razón constante de mi alegría y mi tristeza.

Un día me fui de casa, un día me alejé de ti y sé que aún no me lo perdonas. Tranquila, yo en tu lugar, jamás me perdonaría el hecho de haberme ido y no haber compartido más contigo. Aún no me lo perdono. Como sabes, los problemas con tu mamá son de importancia y aunque eres muy prudente al hacer silencio en sus comentarios, imagino que un poco de verdad encontrarás en lo que dice.

Porque sí, también confieso que soy un idiota. Me fui detrás de un ideal y de un sueño, me fui detrás de un "equipito de fútbol" (de nuevo, palabras de tu mami) y no fui capaz de aguantar, de resistir el embate de vida que veía en ciernes. Era, debo también admitir, un sujeto preso de emociones y que encontró en el fútbol una razón más de vivir, de sobrevivir, de encontrarse, de hallarse.

Pero nunca, nunca, nunca, pienses que dejé de amarte o que el Rojo está por delante de ti pues, en cada segundo, en cada momento tenso, en cada alegría y en cada tristeza, pensaba en ti, recordaba esa carita linda y dulce de ayer, de hoy y de siempre. 

Era también (aquí otra gran confesión) un hombre esclavo de sus pasiones, de las más bajas posibles, pero te aseguro hoy por tu corazón y el mío, que son uno solo, que ya salí de aquel desierto que me hundió y me acercó a la muerte, me alejó de ti, pues ese fue como propio viaje del héroe: Debí cruzar un largo desierto de perversiones, atentados, dolores, tristezas e inseguridades, placeres inocuos, placeres ciegos, tal como aquel Dios que tanto veneras debió soportar por cuarenta días para  purificarse, prepararse para una misión superior.

Pues sí, acepto que fui cobarde, lo sé y lo lamento en cada día de mi vida, lamento no haber visto tu primer diente salir y caerse, lamento no recuerdes como te enseñaba la importancia del "por favor" y del "gracias", aunque claro que me odiabas cuando te obligaba a ser gentil y cortés con los demás; lamento no recuerdes aquellas maravillosas tardes en "La Isla" cuando juntos descubríamos el mundo increíble de las hormigas, lo maravilloso de las piedras de río, lo suave y agradable del pasto verde recién cortado y la alegría y la emoción de comer juntos, de reír por cualquier cosa, mi amor.

Y mi misión superior es esta: Acá estoy, mi princesa, de nuevo acá, ante tu puerta, esperando que quieras venir conmigo a jugar de nuevo en "La Isla", a comer helados, a lo que quieras, pues hoy "el sol está en lo más alto, el cielo es azul y todo es bello porque tú, mi tesoro, lo eres" Eres lo más bello que tengo y lo mejor que he podido hacer en mi vida.

Sé que no tengo derecho a exigir ni a pedirte nada, pero me haría feliz ver tu carita linda y tu cabello largo y liso mientras me enseñas a multiplicar, me hablas de tus alegrías y tristezas y así veo el tiempo detenerse a mi alrededor.

Quisiera que tuvieras la mirada intensa de tu madre, su fiereza, su fuerza. Me duele ver como agachas la mirada al hablar pues no quiero más tristezas en tu corazoncito, hija, ya para eso he sufrido yo por los dos para que tú no tengas que conocer lo peor de la miseria humana.

Ayer fui hincha, hoy soy hincha y lo seguiré siendo hasta la muerte, hasta "el cajón", como decimos. Ayer no supe ser tu padre, hoy quiero serlo y te prometo que si me perdonas la distancia y la ausencia, pues seré el mejor padre para ti, tu guardián y más fiel amigo y compañero en todo lo que desees emprender. 

No dejaré de seguir al Caracas FC a donde vaya como en mucho tiempo lo hice pues soy uno de sus hinchas más fieles, creo yo, pero lo que si te prometo y te juro en este día tan especial, es que desde que naciste, soy tu fan enamorado, soy tu hincha más fiel, tu seguidor consecuente aunque no haya estado presente en todos los "juegos" de tu vida, pues siempre estuve pendiente, de saberte triunfadora, de saberte victoriosa, la mejor de todas, mi hija porque eres mi mejor título, mi vuelta olímpica, el mejor gol que he celebrado.

Y hoy, hoy no es un día normal, hoy es tu cumpleaños y veo con alegría como has crecido. No tengo sino agradecimiento hacia tu madre por lo bella e inteligente que eres y estoy acá, queriendo darte un beso y un abrazo de felicitaciones, dándote esta carta que guardé pacientemente hasta este día, nuestro esperado reencuentro, para que esta carta fuese el primero de muchos regalos con los que deseo colmarte y verte sonreír tímidamente, brillar esos ojazos verdes como los de mi abuela.

Y cuando hayas ya leído esta carta, pues baja, estoy acá abajo esperándote en la entrada del edificio.
Apúrate, pues acá hace frío, como sabes.

Feliz cumpleaños, mi vida. Te amo con todas mis fuerzas pues soy tu hincha que va "A Todas Partes" por ti de ahora en adelante.

Tu papá

jueves, 14 de septiembre de 2017

El hincha que corre por el gramado

Pies pesados sobre el campo, piernas que chocan y se entrelazan sin cesar, pupilas dilatadas, la sangre circula rápido y dificulta pensar con claridad en momentos en los que pensar se hace difícil y correr implica más voluntad que fuerza.

La clasificación está en riesgo y la grada pide que le echen bolas, que suden la camiseta que ellos, cada ceremonia, como los mejores feligreses de cualquier religión, sudan e idolatran en un aliento interminable.

Hay movimientos nerviosos, ya las piernas no responden como hace minutos y los defensas lucen como enormes cíclopes infranqueables. Gobierna el desespero y la razón se nubla. Comienza el murmullo de crítica, aumenta  el "corre, corre" y los gritos del profe se hacen como lanzas que traspasan el cerebro de cualquier hombre que se sabe en deuda con su misión en la vida.

Los técnicos de grada se desesperan y gritos destemplados, desesperados como si la vida se fuese en esa "última jugada", dan inicio a los recuerdos a las santas madres de los tipos que corren en el campo y el nerviosismo, ese eterno compañero del fútbol, se hace poderosa y obstinadamente omnipresente.

Se acelera el tiempo, el aire se hace denso y hay movimientos en la banca roja. Los asistentes señalan, los jugadores en calentamiento miran expectantes, los jugadores en el campo esperan la propuesta. 

- "¿Él?"- pregunta un asistente.
- "Coño, sí. De bolas, ¿quién más va a ser?"- responde el director técnico, con el mismo tono agrio que lo caracteriza en el rectángulo de juego en años y años.

Y el jugador referido aprieta los tacos, se quita el chaleco de calentamiento y al pasar, los compañeros lo animan, lo empujan.

Escucha al técnico: "Ya sabes lo que debes hacer". El joven asiente, mientras bebe agua y pasa su mano por su cara, su cabeza recientemente rapada y se mentaliza para el momento en el que le toca entrar.

Miles de veces, desde niño, ha vivido con expectativa el mismo momento, la misma sensación, la misma emoción de entrar a hacer lo que le gusta: correr por el campo, marcar goles, ser feliz y hacer feliz a sus hermanos, a los de hinchada, a los de sentimiento.

La grada sigue su reclamo, con la misma intensidad y la misma furia con la que alienta, pues saben que tienen la moral de su lado para exigir esfuerzo, aguante y lucha. La barra nota el movimiento en la banca y se produce un rumor, alguien grita: "El cambio que había que hacer".

Mineros se va adelante, 1-2 y se empata la eliminatoria. "Apuren ese cambio, nojoda" se logra escuchar a lo lejos y el reemplazante ya está parado sobre la raya, esperando el cambio. 

-"¿Es él?". pregunta una fanática roja desde la tribuna.
- "Claro que es él. ¿No le ves el color de pelo?"-atiza otra con el desdén de la que se cree muy entendida en la materia y le fastidia la pregunta.
-"Pero ese corte, no sé, se veía mejor con el pelo largo, así, como más europeo."
-"Ay, mija, eso es allá que puede usar el pelo así. Acá con este calor, de bolas que se iba a cortar el pelo".

Y ambas asienten en acuerdo con el punto climático.

El árbitro levanta el tablero electrónico, medio partido y medio torcido de tanto uso y de tanto toqueteo y Pascual Artiles anuncia al populus "Al campo, Fernando "El Colorado" Aristeguieta" y una lluvia de aplausos cae de la tribuna, mientras la grada expectante hace votos silentes para el éxito de uno de los suyos.

Apenas entra, ya se gana los aplausos de la hinchada:
- "¿Viste, marico? Lo barrieron y allí mismo se paró a pelear la pelota. Eso es lo que se quiere. Que le echen bolas. ¡Grande Colorado!"

Yo sólo logro hacer un gesto de acuerdo pues no quería quitar la mirada del juego.

Otro lance y de nuevo, "El Colorado" al piso y, como siempre, se vuelve a levantar y sigue luchando hasta el último respiro hasta que la pelota llega al arquero contrario y cuando todos los delanteros normalmente deciden retrasar su posición, él opta por ir a molestar al arquero.
- "Corre y juega con la misma intensidad como si uno de nosotros estuviese en la cancha". dice uno emocionado golpeando al otro en la grada.
- "Es uno de nosotros, mano. Es uno de nosotros". responde el otro con plena seguridad de su afirmación.

El tiempo sigue transcurriendo, no corre sino que vuela, mientras la defensa minerista tontea con la pelota, jugando al desespero caraquista. 

Súbitamente, alguien roba un balón, (la verdad es que desde la Sur es difícil distinguir bien quién lo hizo: A ver, a ver, pues no, no logro ver quién lo robó), una serie de rebotes en el área azul y negra y, como si el destino así lo quisiera, como si Dios (si es que tal entidad existiese y, por favor, no se pongan dialécticos con este punto) quisiera que aquel hincha vestido de jugador cambiara la historia, el balón llega hasta él y apenas con un suave toque marca el 2-2 que, para aquel momento, clasificaba al Caracas FC a la siguiente ronda.

Dicen que en los momentos de euforia, de éxtasis, de tristeza y de tensión extrema afloran nuestros verdaderos sentimientos y mientras el resto de los jugadores rojos se abrazaban y saludaban entre ellos, como pechos fríos, "Colorado" fue con los suyos, a la grada roja, saltó las vallas publicitarias, apretó los puños y besó el escudo tantas veces amado, tantas veces soñado y muchas veces glorificado y, mientras tanto, la grada enloquecida subía y bajaba las escaleras de la Sur del Olímpico, en un rito difícil de entender para el resto de hinchas comunes.

-"'¡Marico, te lo dije! ¡Es él! El Colorado la lleva demasiado robada acá en este fútbol"- grita un hincha a otro a su lado.
-"Seh, es cierto"- responde el otro, en tono muy bajo, casi inaudible, aún extasiado por la jugada que acaba de presenciar.

Se producen las jugadas finales y Mineros marca el 2-3, lo que a la postre les daría la clasificación con el absurdo gol de Taka Machado y el eterno problema defensivo. 

Entre el fastidio y la desesperación, el desgaste mental por la idea de un doblete soñado y perdido, el equipo local, derrotado, teme acercarse, saludar y despedirse de la barra, tal como indica la ceremonia desde inicios de la década de los 90, pero uno, solo uno, aquel hincha, da el paso adelante y con ese paso seguro y firme, se dirige a la Sur y con los brazos en alto agradece a la grada todo el aliento, todo el aguante. 

Para no ser menos, el resto de jugadores rojos lo siguen,cabizbajos, pero sólo uno es aplaudido con merecimiento, el nuestro, el hincha que corre por el gramado, el que siente los colores y el peso de esta camiseta y ama este escudo y esta ciudad tanto o más que nosotros pues "Caracas es la mejor ciudad de Venezuela".

Una derrota que no borra este amor por esta camisa, una derrota que no amilana esta lucha porque al final sabemos que contamos con los goles, el esfuerzo y la entrega de Fernando "El Colorado" Aristeguieta, "El Colo" o simplemente, "El hincha que corre por el gramado".

En la vida y en el fútbol...

Se que me lees. Se que muchas veces te ocultas en una maraña de silencios, respuestas y mensajes no enviados. Se también que ya, al leer estas líneas, al descifrar este texto, vas notando que tu nombre se va dibujando como una figura escondida detrás de esta historia.

Y tal como te dije alguna vez, no hay día en que no te piense, no hay día en que no te imagine. No hay día en que no recuerde tu cabello derritiéndose en tus hombros tal como la nieve se derrite en la ancestral Sierra Nevada que tanto amas, como yo.

El silencio grita tu nombre. El vacío llena cada espacio desde aquella vez, desde aquella última mirada. Cierro los ojos y recuerdo con dolorosa nitidez tus gestos, tu parpadeo, tu sincrónica respiración, tu evasiva mirada, el incómodo choque de pupila con pupila y, de nuevo, lo que callé, lo que no dijimos, lo que quedó atorado entre pecho y espalda, lo que guarda el corazón y la mente, siempre correctora y siempre conservadora, no quiso que fuese dicho.

Este post es para ti. Siempre tendré una sonrisa, siempre mi gratitud eterna por lo intangible del tiempo, por las risas, la serenidad y la honestidad.

Espero verte en cualquier cancha, en cualquier grada, en cualquier sistema táctico que nos una y nos permita fusionarnos en un abrazo de gol.

domingo, 10 de septiembre de 2017

¿Por qué el 4-2-3-1?

En primer lugar, muchas gracias al que se le ocurra pasar por acá a leerme.

Si pasaste por acá, quiere decir que sabes algo de fútbol pues sí, evidentemente, la disposición numerológica que encabeza este blog es un sistema táctico de fútbol... 

... O tal vez no. Tal vez solo sea una disposición decadente de números sin un propósito determinado salvo la de un orden que aproxime al "cero", cifra temida. Sí, en la vida y en el fútbol.

Estos son sólo mis visiones sobre fútbol, vida y filosofía (la verdad que el orden de los factores mencionados me son indiferentes) y de vez en cuando iré publicando extractos de literaturas, música y cosas que quisiera compartir y dar sentido a este pequeño espacio en la web.

"Pasa en la vida y pasa en el fútbol" tal vez será la frase cliché, junto con sus infinitas variantes, que irá apareciendo con cierta asiduidad en este espacio sideral, cósmico, informático, íntimo, e ínfimo que ahora lees.

Si gustas, puedes compartir y opinar. Si gustas puedes agregar información y sugerir y si no gustas, pues no lo hagas. Lo que decidas estará bien.

Acá no somos bielsistas, mourinhistas, kloppistas,ancelottistas ni guardiolistas, tampoco somos bilardistas o menottistas, tampoco queremos declararnos fariístas, dudamelistas, paecistas o chitistas (aplicados estos últimos al ambiente de  FUTVE) y mucho menos, queremos tomar algún -ista relacionado a la política pues lo que pretendemos no es atacar a nadie, no pretendemos tomar partido por nadie, sólo queremos opinar sobre fútbol y con eso, ya bastaría.

En lo posible, trataremos de hacer una publicación semanal y cada vez que termine un capítulo de "La vida por los colores, un sentimiento popular" lo iré publicando por acá, estimado lector.

En fin, bienvenido y siéntete como en casa, siéntete local en esta cancha.

Otra cosa es que te ganes a la hinchada, a la grada, a la popular. Suda la camiseta y deja la vida acá, en este rectángulo porque la barra lo hará en la tribuna.